Poesía del Mundo: Claudio Simiz


Epígrafe
(de una foto de Clarín)


Casi se cae del diario/ apenitas la foto arrinconada blanco y negro/ pero hay una negrita debajo de una bolsa de nailon negro/
No se sabe: la bomba el terremoto/ se le fueron encima/ poco importa, parece/ porque el ojo de dios estaba en otra cosa/ y mañana publica las ternas de los Oscar/ el mundial y la carne van en alza/ pero hay una negrita debajo de una bolsa de nailon negro/
¿Jugás a la escondida, Terroncito/ te disfrazaste de fantasma, de noche, de tulipán sombrío?/ pasa la Farolera/ pero hay una negrita debajo de una bolsa de nailon negro/
¿De qué negro baldío pintaré mi casa?/ ¿Con qué sábana de olvido el mundo se tapará la cara?/ Entre este verso y el que está viniendo nacerán cien niños/ pero hay una negrita debajo de una bolsa de nailon negro/
En el otro hemisferio las rondas van despidiendo al sol/ aquí quiere nacer y sólo sangra.

De El Franco (en prensa)

Claudio Simiz (Buenos Aires,1960), Es profesor y licenciado en letras, realiza su doctorado en literatura en la Universidad de Buenos Aires, donde se desempeña como investigador. Ejerce la docencia en el Nivel Superior. Ha sido becario investigador del Fondo Nacional de las Artes y dicta seminarios, conferencias y charlas en universidades y otros centros culturales y académicos de Argentina.

Aquí nos comparte parte de su trabajo.

Los días
Detrás de la esperanza,
los miedos,
el cansancio,
están los días,
el fulgor inquietante
de sus líneas en blanco,
su implacable inocencia.
Los hombres pergeñamos el olvido
y es tan duro
que inventamos sentido al sufrimiento,
soñamos que los hijos se nos parecen,
marchamos a la muerte
solemnes,
rasurados.

De No es nada, Amaru, 2005.



La esperanza

La esperanza no es más
que una mordida,
un tarascón, a veces
en la manzana de la nada,
y los dientes que van resquebrajándose
imperceptiblemente.
Pero en algunas tardes
nuestra sed alcanza su corazón sin sangre,
el silencio azorado
de su blancura inhóspita
y entonces
es la nada quien nos muerde,
nos devora los párpados raídos,
nos sorbe hasta el cansancio de los tuétanos,
nos ahueca los días,
en nuestras propias ruinas
nos funda el corazón.

De No es nada, Amaru, 2005.